lunes, 7 de marzo de 2011

värmland

Nunca supe muy bien por qué desapareció. Creo que la última vez que le ví fue en el bosque de hayas cercano al río. Solían decir que pasaba allí las tardes enteras hasta que se iba el sol, y en invierno, cuando anochecía temprano, se escapaba de casa incluso antes de comer para refugiarse allí. Recuerdo verle sentado en el embarcadero del Vänern, con sus delgadas piernecitas colgando, y la mirada perdida en el horizonte, oteándolo constantemente. Parecía esperar a alguien, alguien que nunca llegó. Entonces, quizás por su presencia, aquel lugar me resultaba embriagador. Él inundaba el aire con su sencillez, y cuando los rayos del sol rozaban su fina piel, parecía deslumbrar a todo aquel que se le acercara. Y su pelo se volvía todavía mas rubio conforme pasaba la primavera. Creo... No, estoy segura de que la primavera le devolvía a la vida. Y sin embargo, fue entonces cuando, un día, de repente, dejé de saber de él. Por muchas horas que pasara escondida en el bosque esperando su llegada, nunca volvió. Desapareció, sin más.

3 comentarios:

Cris Matias. dijo...

Yo no te dejo un beso en la comisura derecha pero si un comentario de tu compi de clase :D te sigo!

Miss.Fatii dijo...

Geniales tus textos, para no variar.
Un besazo ;D

Sun dijo...

Qué original, me gusta mucho tu blog!