martes, 28 de diciembre de 2010

3days,12hours,26minutes

Recuerdo todavía aquella noche. Te veo aún con aquella sudadera azul, tus vaqeros desgastados y esa media sonrisa que siempre llevabas puesta. Sonaba 'on a night like this', una canción demasiado paradójica para una noche como esta. Y tu bailabas con una copa de vodka en la mano derecha y un cigarrillo en la izquierda. Y canturreabas la canción. Recuerdo tu mirada buscándola entre el gentío y el humo del local. Y ella no aparecía. Y la sonrisa de tonta que se me quedó cuando me di cuenta de que yo era ella. Entonces te acercaste hacia donde yo me encontraba, me cogiste de la mano y salimos fuera. Caían copos ligeros y hacía un frío cálido (qué coño? tú hacías que aquella noche fuese cálida!), tú te burlaste de mi jersey a rayas y yo de lo ingenuo que eras. Entonces escuchamos la primera de las doce campanadas. Y tú me prohibiste entrar. Te excusaste diciendo que te molestaba el humo del interior y entonces fue como si me hipnotizaras! Recuerdo todavía tus labios susurrando una mentira tras otra. Y después, un beso y la última campanada. El último beso de aquel año y el primero del que comenzaba.

martes, 21 de diciembre de 2010

GV

Siempre me han gustado tus futuros imperfectos,
y tus frases a medias, esas que luego se completaban en mis sueños en aquella cama del Village.
Pero, por el contrario, odiaba tus promesas.
Y odiaba no poder odiarte.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Llovía polvo de estrellas y el abrigo de paño de mamá estaba cubierto de una fina capa blanca. Nuestras miradas congeladas en el tiempo, de un lado a otro de la calle, atravesando los cuatro carriles que cruzaban el paseo. Y una música distorsionada de fondo que asemejaba la marcha radetzky. Las luces amarillas de los árboles nos cegaban, igual que todos aquellos días en los que habíamos evitado coincidir en esa esquina tan incómoda para los dos; igual que todas aquellas tardes de nochebuena en las que procurábamos alejarnos el uno del otro, como si eso fuese a hacernos algún bien. A veces pienso que no me habría importado haberme quedado congelada mirándote a través de la nieve.


jueves, 2 de diciembre de 2010

welcome cold december

Frío en las aceras. Grados bajo cero que se cuelan bajo tu bufanda de cachemir color camel mientras extrañas las bandadas de gorriones volando sobre tu cabeza. Agua congelada, como si el destino hubiese preferido aislarla del paso del tiempo para evitar que envejeciese. Y viento. Aire que levanta los abrigos, un cierzo estremecedor que no te deja avanzar. Entonces te caes. Así; de repente. Y ves como el mundo sigue su curso mientras ahí estás tú, junto con el agua congelada, incapaz de vencer tus miedos. 





P.D.: quiero nieve YAAAAAAAAA!