miércoles, 7 de julio de 2010

oldies3

El caso es que destapó la caja siendo arrastrada por la curiosidad. El polvo se esparció por la pequeña habitación añil, dejando aquel tesoro al descubierto. Entonces viajó nueve años atrás en el tiempo hasta aquella época en la que existía él. Y allí, dentro de esa caja envuelta en papel verde feo con arbolitos naranjas dibujados, volvió a verle. Le vio en ese yo-yo color rojo piruleta que le regaló, en esas fotos hechas con una vieja polaroid amarilla (fotos tomadas aquel sábado que decidieron ir a leer a neruda al parque, y alguna otra foto delante de una tarta rosa de cumpleaños con fresas decorando el borde y una gran vela en forma de 10), y también encontró una nota que causó la expulsión de ambos durante una aburrida clase de literatura, ese papelito viejo y arrugado escrito con un boli BIC azul a medio gastar en el que todavía se podía leer 'creo que te quiero'. Sí, aún recordaba esa nota. Después de leerla por primera vez, mientras estaban esperando en la puerta del despacho del director, él no dejaba de mirarla provocando una sonrisita traviesa en su cara que terminó fundiéndose en un tímido beso. En una esquina, enrollado para que ocupara el mínimo espacio encontró un cordón sucio, y se acordó de esa tarde en la que decidió robárselo a aquellas viejas zapatillas con dibujitos rojos grises y morados, cómo le gustaban esas zapatillas, y lo mejor, era que ella se las había regalado. Luego dos postales, una de San Francisco y otra de Múnich. Una última foto, esta vez eran dos personas con una bufanda subida hasta la nariz: ella tenía los mismos ojos azules que ahora, y en sus mofletes hinchados se adivinaba su sonrisa; él más serio, pero con unos profundos ojos marrones, y la nariz roja del frió que hacía; al fondo, Liverpool. Y debajo de tantos recuerdos encontró una entrada de un concierto en Wembley, del último gran concierto, que tenía escrito por detrás un número de teléfono acompañado de un smiley. Después, descolgó el viejo teléfono color beige, y marcó los nueve dígitos, todavía con la entrada agarrada entre sus uñas color calabaza. Tres tonos y una voz:
- ¿Sí?
Silencio.
- Ya veo... Seas quien seas, juegas a quedarte en silencio, ¿no? Vale, a ver quién de los dos aguanta más -. Sí, era él, sin duda.
Y tres minutos y cuarenta y tres segundos después, ella se decidió a hablar:
- Te he echado de menos.
- Has tardado demasiado tiempo.
- Demasiado tiempo sin verte - le replicó ella.
- Habrá que recuperarlo entonces... - y mientras decía esto, era fácil adivinar la sonrisa que se estaba dibujando en su cara.


1 comentario:

Miss.Fatii dijo...

Precioso lo que has escrito :)
No sé de dónde sacas los textos ni si son o no tuyos, pero este concretamente me ha encantado ^^