lunes, 15 de febrero de 2010

La città eterna





 Roma. Te pierdes por sus estrechas callejuelas serpenteantes, entre el gentío y la mezcla de voces italianas, como si de una película de Fellini, de una de sus obras maestras se tratara. El sol te ciega en las grandes avenidas y se esconde entre los edificios del Trastevere. Es una ciudad mágica, es el resultado de más de dos mil años de vida. Testigo de más de dos milenios de historia plasmada en sus fuentes y esculturas. Caminas y nada más girar la esquina encuentras algo que te sorprende un poquito más que lo anterior, oyes el rumor del agua y al entrar en una nueva calle encuentras una fuente en la fachada de una casa, y unos metros más adelante un puesto de helados italianos, de esos que tienen más azúcar de los que sueles tomar normalmente. Entonces saboreas un helado de nutella con cookies, de esos que no encuentras en el paseo Independecia a cuarenta grados a la sombra una tarde de verano. Roma es distinto a todo, diferente a cualquier otro sitio.

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