martes, 26 de enero de 2010

Simple twist of fate.


  Ruido. Ruido que viene de la calle. Ruido producido por los coches, por la gente hablando. Ruido que entra en el salón a través de la ventana. Ruido que resuena en las cuatro esquinas del loft decorado minuciosamente. Son las cinco y media de la tarde. ¿Programación? Telebasura. ¿Planes? Ninguno. ¿Aburrida? No, solo desconcertada. Y para colmo, ruido. Te diriges a la librería beige. Le echas un vistazo, y no hay nada nuevo que leer, ni nada que te apetezca releer. Coges la cazadora, las llaves, y bajas al garaje. Necesitas evadirte de tus pensamientos, escapar. Te subes al Gran Torino de tu abuelo, sí, está viejo, pero cinco reparaciones han sido suficientes (pensándolo bien, habría sido más rentable comprar un coche nuevo enn condiciones, pero prefieres no pensar). Sales del garaje, y decides a donde ir. ¿El centro? No, demasiada gente, demasiado ruido. ¿El barrio? No tiene ningún aliciente... No encuentras ningún sitio al que ir, pero conduces. Conduces hasta salir de la ciudad, coges una comarcal, y viajas sin rumbo fijo. El sol parece una gran naranja en medio del agua. Agua... Tranquilidad, calma, dos cosas que no conllevan un molesto ruido. Tampoco te gusta el silencio, así que pones la radio. Y es entonces cuando, como llegada del cielo, empieza a sonar Simple twist of fate. Te hace pensar, recapacitar... ¿Si todo fuese de verdad un simple giro del destino? El destino es algo incontrolable, algo que se escapa de números, letras o razonamientos, nunca lo has comprendido, aunque, realmente, tampoco has mostrado interés en comprenderlo, ha estado ahí duante todo ese tiempo, haciendo que las cosas pasen de una determinada manera, pero nada más. El ruido comienza a alejarse... La despreocupación despierta en tu interior. Sacas las viejas Ray-Ban de la guantera, te las pones, y miras fijamente al horizonte. Parece que se va a terminar el mundo en ese lugar, pero no. Conforme avanzas, ves más y más campo. Es como la vida misma, aunque parece que algo va a acabar, no lo hace, continúa más allá de donde alcanza tu vista, y a veces, cuando no lo ves, es que el destino le ha hecho dar un giro. Ya no hay ruido, no hay preocupaciones, y llegas a la conclusión de que, hagas lo qe hagas, el destino va a hacer lo que a él le de la gana. No tengas miedo, nada es previsible, no se te ha escapado la situación de las manos, es que nadie la tiene controlada.

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